Papel y boli.

Tienes el poder, tienes las armas: te tienes a ti. Es el momento de soltarte, de escribir.
Escribas lo que escribas, (si no quieres) nadie sabrá quién eres , qué quieres, qué buscas, qué anhelas, qué te sucede o qué te come el coco día y noche.
O sí.
Todo depende de si lo escribes o no.

(Ahora imagina que ese papel en blanco está justo en los comentarios de esta entrada.)